29/10/2021

Coser y cantar, todo es empezar.

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Ayer lo comentaba con una compañera de profesión «hay una tendencia al narcisismo proyectado hacia las personas que nos rodean», poniendo el foco de nuestro bienestar en la necesidad de que nos reconozca, de que nos quieran, de que nos acepten. Poniendo la responsabilidad de mi estado de ánimo, de mi centro emocional en lo que esas personas piensen de mí.

Ante este pensamiento: “Hoy será un buen día, soy feliz porque siento que las personas que me rodean me aceptan, me quieren y me reconocen”.  Tendría que retumbar en nuestra cabeza ese sonido típico de los concursos de la tele anunciando que la respuesta es errónea.

Cuando sentimos que esta aceptación y ese reconocimiento no existe o no se muestra en la medida que yo lo necesito, caemos en picado directamente a una frustración interna, que en ocasiones se convierte en tristeza, apatía, desmotivación aterrizando en la diana de la autoestima, en el no valgo, no puedo, no me gusto, y en el famoso no sé.

El primer reconocimiento necesario en mí es el interno, y el reconocimiento en mí no se muestra si yo no me quiero, si yo no me acepto, si yo no reconozco mis logros, si yo no reconozco el esfuerzo que pongo en las tareas, si yo no me permito el derecho a cometer errores, el derecho a cambiar y el derecho a reafirmarme y a autodeterminarme (decir no cuando quiero decir no y decir si cuando quiero decir sí). Seguro que muchas de las personas que ahora me leen dirán: “Yo digo no cuando quiero decir que no y si cuando quiero decir que sí”. Te invito a que a partir de ahora pongas atención y observes cuantos si queriendo decir no has dicho.

Cómo seres sociales necesitamos relacionarnos formando parte de espacios donde las relaciones interpersonales juegan un papel fundamental en nuestro desarrollo ya que de una u otra manera nos nutren.

Estas relaciones no están exentas de dificultades, tenemos diferentes maneras de percibir y entender el mundo y es normal que las diferencias de criterio y de pensamientos se muestren, y es aquí donde tenemos que poner especial atención y poner en marcha la capacidad de comprender al otro sin olvidarme de mí.

Podemos no encajar, no agradar, no compartir inquietudes y al mismo tiempo que lo respeto y lo comprendo, me quiero, me acepto, me comprendo y me doy un lugar en el mundo.

Tenemos derecho a cambiar de opinión y a tener pensamiento crítico. Tenemos derecho a formar parte de espacios en la medida que aporto y me aportan, y si no es así pongo un límite y a otra cosa mariposa.

Hemos venido a este mundo a crear, a crecer, a aprender, a evolucionar, en definitiva, a vivir, no a cumplir las expectativas de nadie.

Así que quiérete, cuídate, reconócete, en definitiva, VIVE.

P.D.  Estoy barajando la idea de crear un pequeño taller de unas dos o tres horas donde profundizar en este tema. Será un espacio seguro y un grupo reducido.

Si te parece interesante y te unirías puedes contactar conmigo por IG @marisolbardon, por mail psicologa@marisolbardon.com o enviarme un mensaje al 611 081 912.

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