16/11/2020

¿Preocupación o influencia?

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Suelo releer algunos libros cuando lo hago el conocimiento me sorprende desde otra lugar, seguramente porque yo tampoco soy la misma persona que leyó la primera vez. La última vez que lo hice fue hace apenas dos días cuando preparaba contenido para un Webinar que trata sobre como transitamos del miedo a la confianza en estos momentos de incertidumbre que estamos viviendo, y por inercia acabó entre mis manos el libro de Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva de Stephen Covey

Me quedé dándole vueltas a una de las imágenes que muestra en el libro donde hace referencia al círculo de preocupación y al círculo de influencia.

Esa Imagen me llevó a una pregunta: ¿Por qué es necesario y ahora más que nunca contar con personas proactivas en nuestras organizaciones?, porque las personas proactivas no esperan a que los demás tomen decisiones por ellas, actúan con determinación anticipándose a los problemas, son operativas y crean constantemente nuevas oportunidades.

Una manera de tomar conciencia de nuestro grado de proactividad consiste en observar en qué invertimos nuestro tiempo y nuestra energía. Es normal tener preocupaciones, estamos vivos y vivimos en una vida donde suceden cosas, cosas que incluso nos pueden llegar a perturbar relacionadas con nuestra salud, problemas en el trabajo o económicos, desacuerdos familiares ……

Cuando hacemos una revisión de todas estas cosas que forman parte de nuestro círculo de preocupación comprendemos que sobre muchas de ellas no tenemos el control, y que con algunas podemos hacer algo. Son estas últimas cosas las que se encuentran en el círculo de influencia.

El definir y determinar cuál de estos dos círculos es el centro alrededor del cual gira la mayor parte de nuestro tiempo y energía, nos da muchas pistas sobre nuestro grado de productividad.

El tener un círculo demasiado grande lleno de muchas cosas que nos preocupan nos limita, no nos permite entrar en acción ni hacer, sino que nos mantienen en un bucle de pensamientos repetitivos muchos de ellos anclados en quejas que no nos permiten ver ni actuar. Es aquí donde más centran sus esfuerzos las personas reactivas, ya que su foco se sitúa en los defectos de otras personas, haciendo uso de un lenguaje descalificativo con sentimientos de culpa.  Acercándonos a un sentimiento de ser víctimas de las circunstancias, y alejándonos de una iniciativa proactiva necesaria que nos permita promover ciertos cambios.

Sólo cuando pasamos a trabajar en nuestro círculo de influencia, cuando nos centramos en nuestros propios paradigmas, entendiendo como paradigma el modo en que vemos el mundo, empezamos a crear y a generar cambios en nosotros/as y en nuestras organizaciones. Poniendo el foco en el valor y la importancia de las personas, que hacen que las empresas y el mundo funcionen; generando espacios donde se promueva el trabajo colaborativo y la comunicación empática.

Y es aquí y desde aquí donde se desarrollan las organizaciones excelentes, entendiendo por excelencia el hacer bien las cosas, comprendiendo la realidad actual, porque cuando la realidad es clara, los objetivos quedan más definidos, y marcando caminos bajo las directrices de líneas estratégicas desarrolladas y validados por el equipo de la organización.

Estamos experimentando en nuestras vidas y organizaciones un entorno volátil, complejo, ambiguo, con un futuro a corto y medio plazo incierto. Para hacer frente a este nuevo entorno es fundamental centrar nuestra estrategia de negocio en el conocimiento y en cómo vamos a afrontar estos cambios, para ello tenemos que poner el foco e invertir nuestro tiempo y energía en nuestro círculo de influencia, y alejarnos del círculo de preocupación.

¿Cuál de estos dos círculos es el centro alrededor del cual gira la mayor parte de tu tiempo y tu energía? ¿Te animas a descubrirlo?

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